Cuando en 1992 los nuevos propietarios ocuparon la casa lo primero que hicieron fue vaciar todo lo que amueblaba el interior. Quizás el hecho de que la mayoría de los muebles fueran de estilo rústico facilitó la labor. El hierro forjado en los apliques y en las barras de las cortinas y las manecillas de las puertas llenaron el primer contenedor. El espacio vacío empezó así a recuperar fuerza.
De los muebles originales sólo seis sillas que estaban en el cuarto de servicio se conservaron. No está claro que estén diseñadas por Coderch pero el hecho que también aparezcan en las fotos de su proyecto de la Barceloneta nos confirman que eran de su agrado.
